Origen
legendario de la expresión artística
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Es
dificil imaginar el origen de la expresión
artística. Sin embargo, oyendo las diversas
leyendas que intentan encontrar uno, podemos hacernos
una idea del primer impulso que sostiene la creación.
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Los
textos explican que en una epoca en la cual la duración
de la vida humana, que era originalmente de cien mil
años, empezó a disminuir, vivía
un rey llamado Djiktul. El hijo de un brahmán,
súbdito del rey, falleció y el padre desconsolado
acusó al rey de tener parte de responsabilidad
en la muerte de su hijo, ya que su manera de gobernar
el reinado era, en su opinión, en desacuerdo con
el dharma. la
muerte, para reclamarle la vida del hijo del brahmán.
Yama negó formalmente tener algo que ver en este
asunto, ya que fue solamente el agotamiento del Karma
del niño la causa de su muerte. Con tenacidad,
el rey insistió para que se le diera la razón.
Lo hizo con tanta virulencia que Brahma (dios de la
creación) tuvo que intervenir, explicándole
que una vez maduro el karma, la muerte era inevitable
y que no se le podía hacer ningún reproche a
Yama. Sin embargo, frente a tanta insistencia, Brahma
invitó al rey a dibujar algo parecido a ese pobre
niño. Lo hizo y presentó el dibujo al dios
quién bendiciéndolo le dio vida, y así
el padre recuperó a su hijo. El rey, por su parte,
llegó a ser de hecho el " primer artista
". El continuó visitando los mundos divinos
para recibir las instrucciones relativas a las artes
gráficas.
Ideal
del arte sagrado: dar vida
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Esta
historia pone de relieve el ideal de toda empresa
artística: dar vida. A menudo, en los textos
que relatan la obra de los grandes pintores tibetanos,
se menciona que la calidad suprema de los tankas
es poseer una energía " semejante a
la vida ". Lo que no es específico del
arte tibetano; lo encontramos en numerosas tradiciones.
Por ejemplo, los pintores de iconos en los monasterios
rusos consideraban que se daba la vida con las ultimas
luces que se pintaban al final de la elaboración
de la obra. |
Esta
operación tenía tanta importancia que era
precedida de una semana de ayuno y de meditación.
En la tradición tibetana, es la " apertura
del rostro " con la aplicación del último
toque en las pupilas de la divinidad principal, que
constituye este paso a la vida.
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A menudo se reservaba esta última intervención
al maestro que aprobaba de esta manera el trabajo
de su alumno. Además, la consagración
final incumbía a los lamas, quienes infundían,
durante un ritual, el poder del cuerpo, de la palabra
y de la mente de los Budas, trazando las tres silabas
" Om Ah Houng ". Se dice también
de algunos pintores que sus tankas eran de tal calidad
que no necesitaban consagración. |
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